Pobreza cero, ¿vamos en la dirección correcta?

¿Qué enseñanza le debería haber quedado al macrismo de una década fallida en la efectiva reducción de la pobreza?

Para alcanzar su meta de pobreza cero, el gobierno debe tomar medidas que no pueden ser pensadas desarticuladamente, sino que tienen que partir de la integralidad de la batería de políticas estatales.

La Argentina ha experimentado casi una década entera de expansión económica medida por un Producto Bruto Interno por habitante que ha crecido casi 4 veces entre 2004 y 2013. A pesar ello, y de la implementación de numerosas políticas públicas dirigidas a la pobreza, la misma se encontró a fines de 2015 en el orden del 29%. Esto evidencia que las dificultades que enfrenta el país para su reducción más absoluta no son reversibles únicamente por medio del derrame del crecimiento y si bien la intervención del Estado ha probado ser fundamental para propender a sociedades con mayor equidad, no ha sido suficiente.

Con la aparición de nuevas formas de vulnerabilidad, ligadas a la debilidad de los soportes protectores clásicos, el trabajo y la educación, el kirchnerismo avanzó en políticas de transferencia condicionada de ingreso, las cuales redujeron la desigualdad. Sin embargo la pobreza volvió a aumentar entre 2012 y 2015 alcanzando a 11,5 millones de personas y la indigencia se redujo para luego mantenerse estable alrededor de 2 millones de personas.

¿Qué enseñanza le debería haber quedado al macrismo de una década fallida en la efectiva reducción de la pobreza? Las transferencias de ingresos tienen resultado en la disminución de la indigencia, pero “el estancamiento económico y la segmentación del mercado de trabajo mantuvo altas y/o en alza las tasas de pobreza, afectando de manera particular a los sectores informales” .

Esto evidencia que para afrontar la pobreza, la acción estatal debe superar las visiones reduccionistas porque esta problemática constituye un tema complejo que requiere de respuestas integrales y de larga duración, por tratarse de un fenómeno multicausal  y muldimensional que excede la mera carencia de recursos monetarios.

El macrismo, para alcanzar la meta que propuso en campaña, debe reconocer la necesidad de tomar una política de medidas conjuntas para combatir la pobreza que no pueden ser pensadas desarticuladamente, sino que tienen que partir de la integralidad de la batería de políticas estatales. Un requisito fundamental para ello es considerar dentro de las políticas macroeconómicas a la equidad.

La senda hacia la pobreza cero, no parece tener una lógica integral, por el contrario las políticas de gobierno se presente de forma incoherente:

Se implementaron medidas como la eliminación a las retenciones de las exportaciones mineras y agropecuarias, y una quita del 5% a las exportaciones de soja, en el marco de una devaluación. El resultado fue una redistribución regresiva de los ingresos, favoreciendo a los sectores económicos más concentrados.

La inflación se mantiene. Hay una diferencia entre este gobierno y el anterior, el actual reconoce el problema. Las políticas destinadas a la pobreza durante el kirchnnerismo quedaban a mitad de camino cuando las transferencias monetarias se escurrían entre las manos de los beneficiarios que encontraban aumentos constantes de precios que el gobierno no reconocía. Sin embargo, y a pesar de los deseos de controlar la inflación enunciados por la actual gestión, en los últimos meses se ha acelerado y no está claro el plan que tiene el gobierno para reducirla.

Se aumentan precios de los servicios públicos. Si bien se ha reconocido una tarifa social para la población vulnerable, hay que ver el éxito que su aplicación tiene en ubicar a quienes deben ser sus destinatarios, y no afectar el acceso de los mismos a estos servicios. Por otro lado, observar el resultado que esta medida tiene sobre quienes no son beneficiarios de programas sociales, pero frente a los aumentos pueden ver desestabilizada su situación económica.

No hay un plan de desarrollo económico integral. En lo que respecta al desempleo, el presidente se ha reunido con empresarios, y les ha solicitado que sean responsables en el mantenimiento de los puestos de trabajo. Lo cierto es que es tarea del Estado asegurar el empleo por medio de políticas que lo regulen y favorezcan. Es una buena señal el anuncio del plan Primer Empleo.

La reactivación de la economía no se logra solamente con la salida del default. Sin reducir el déficit fiscal, lasinversiones tendrán este fin únicamente. Para inducir a invertir y generar puestos de trabajo, el Banco Central debe adecuar las tasas de interés a la inflación que espera el gobierno, es decir reducirlas del 38% al 25%. Sino la política económica incentiva la bicicleta financiera que solo produce ganancias especulativas.

La ampliación de la AUH avanza, aunque no completa un aspecto en el que el kirchnerismo había quedado a mitad de camino: el ingreso universal para la niñez. Con la integración de monotributistas y trabajadores temporarios la totalidad de los niños y niñas quedan alcanzados por algún tipo de asignación. Aquellos que son hijos de padres dentro del mercado formal reciben asignación familiar, quienes no se encuentran integrados, en cambio reciben la AUH, aunque deben cumplir ciertas condicionalidades referidas a la educación y la salud. ¿Porque no se unifica este sistema en uno único que no discrimine, y en tal caso dificulte el acceso para los más vulnerables, a la asignación por condición de empleabilidad de los padres? Es un buen interrogante para avanzar en la universalización.

La devolución del IVA es limitada. Durante el gobierno kirchnerista la estructura tributaria no sufrió modificaciones, a pesar de que la misma es fuertemente regresiva teniendo al IVA entre los impuestos más injustos. En este sentido la devolución a los beneficiarios de planes sociales del 20% de este impuesto representa un primer avance. Pero, la medida en sí, como otras de este tipo que ha tomado la gestión Cambiemos, entre la que se encuentra la modificación de ganancias, se han quedado a mitad de camino. Muestra una dirección acertada, pero el tope de devolución es de $300 mientras que la Canasta Básica Total es de $7877. Una familia en condiciones de vulnerabilidad solo recupera un 3,8% del total que necesita gastar para vivir. Claramente esto no es suficiente.

En conclusión, las políticas tomadas durante los primeros cuatro meses son enunciados que aún no cuentan con resultados tangibles, ¿es pronto para medir impactos? Sí, pero el diseño no es suficiente para una meta tan ambiciosa. Para combatir la pobreza  se debe tener una política de gobierno con medidas conjuntas e integrales para mitigar los efectos de “sinceramiento de la economía” e incentivar el desarrollo, esto no está aún presente. La marcha no es coherente e integral, eso evidencia que el gobierno no da cuenta que toda medida tomada puede acercarnos o alejarnos más a la meta. Eso debería guiar cualquier acción, que no debe ni puede ser aislada.

 

*Barbara Bonelli para Bastion Digital. La autora es Licenciada en Ciencia Política y está realizando una maestria en Administración y Políticas Públicas (UDESA). Intereses en Reforma del Estado y Políticas Sociales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *