Medidas para llevar alivio y desactivar presiones

Mauricio Macri aceitó ayer la relación política con los gremios y la negociación de las futuras y cruciales paritarias. La rebaja en el Impuesto a las Ganancias implica un aumento de bolsillo que apunta a hacer “digerible” el deterioro que sufre el salario a causa de la aceleración de la inflación. Aunque el beneficio sólo alcanza a 180 mil contribuyentes y no incluye cuestiones básicas como la actualización de las escalas impositivas y las deducciones tributarias.

Macri apostó también a un anuncio importante para fortalecer su imagen y la gobernabilidad: estuvo acompañado por los “caciques” gremiales y la mayoría de los gobernadores peronistas. La decisión de aumentar un 100 % el mínimo no imponible y ubicarlo en 30.000 pesos brutos confirma un anticipo exclusivo de Clarín de fin de noviembre. La medida fue elaborada por la “mesa chica” y aprobada incluso antes de la asunción del Presidente.

Pero la puesta en marcha demoró, a la espera de un momento político propicio. Se anuncia ahora, cuando la remarcación comenzó a preocupar a la población y afectó -por primera vez- la imagen del gobierno de acuerdo a los focus group que elabora la Casa Rosada.

También sirvió para poner paños fríos a una incipiente interna de poder que comenzó a involucrar a varios ministros. Los cuestionamientos surgieron, precisamente, frente a la aparición de los primeros problemas: hubo pases de facturas por las remarcaciones.

El debate se centra entre el ala política y el ala técnica del gobierno. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, se dedica a marcarle la cancha a sus colegas y eso generó rispideces en el gabinete. Entre otros, hubo episodios con Rogelio Frigerio, Federico Sturzenegger, Alfonso Prat-Gay, Ricardo Buryaile y varios con Juan José Aranguren.

Junto a Jaime Durán Barba, el jefe de Gabinete defiende la estrategia de no llevar adelante ningún ajuste sustancial de la economía, para no deteriorar la imagen de Macri. Ese plan tiene, por ahora, todo el aval del Presidente. Pero dentro del gobierno existen voces que argumentan que la demora en corregir la economía, alienta la inflación y puede en el futuro generar costos políticos a Macri. Carlos Melconian, titular del Banco Nación, sostuvo en reunión con banqueros: “Estamos en una transición, este no es el plan que tiene en la cabeza Mauricio”. Francisco Cabrera puso paños fríos en las discusiones y cree que la inflación va cediendo. El ministro sostiene: “El traslado a precios de la devaluación fue menor”. Prat-Gay adhiere a la idea de no hacer olas. Cree que no hablar del estado caótico en el cual Cristina dejó la economía va a facilitar la negociación externa con los “buitres” y el plan de endeudamiento para financiar sin ajuste este año el monstruoso déficit fiscal.

Macri deja correr el agua e imprime su propio estilo: a pesar de las recomendaciones para que no lo haga, empezó a hablar fuerte de la herencia que recibió. Evitó el tema en su discurso inaugural de diciembre, pero el miércoles le anticipo a su gabinete y legisladores: “La situación que dejó Cristina es desastrosa y yo voy a decir la verdad de lo que encontramos”. El propio Macri confió en una reunión íntima de ministros un dato estremecedor: el Presidente dijo que según informes confidenciales que elaboraron, Cristina dejó un nivel de pobreza del 40 % de la población. También tiene un detalle sobre una decisión que, adrede, adoptó Axel Kicillof para acelerar la remarcación de los precios. El ex ministro le dio órdenes a Augusto Costa para autorizar a fin de noviembre un incremento general del 20 % en todos los alimentos de primera necesidad.

Costa dispuso la autorización el 24 de noviembre, dos días después de que el oficialismo perdiera las elecciones. Kicillof le pidió que no dejara ningún registro oficial de esa medida y llevar adelante un plan de tierra arrasada en Comercio. Costa cumplió: para tapar la última concesión a los formadores de precios escondió computadoras, destruyó datos históricos y desprogramó sistemas de la Secretaria de Comercio. Los hombres de negocios conocen al detalle lo ocurrido. Pero ahora están inquietos, porque perciben cierta desorientación para combatir la inflación. En la última reunión de la UIA se percibió inquietud por el impacto del descalabro de Brasil y el tarifazó eléctrico local.

En los diálogos privados, todos los comentarios se centran en la inflación. El líder fabril Adrián Kaufmann Brea lo dice así en reserva: “La inflación no es un problema que generen los empresarios, es fruto de un desorden macroeconómico”. Juan Sacco se sinceró: “Hubo devaluación, pero faltan políticas complementarias”.

En el movimiento empresario todos coinciden en el siguiente diagnóstico:

–Es necesario que el nuevo gobierno arme y difunda un programa económico, que aun no se explicitó, de estabilización antiinflacionario. Creen que ese programa debería tener sustentabilidad fiscal en un nuevo Presupuesto. Argentina mantiene vigente el presupuesto de Kicillof que proyectaba una inflación del 10,4 % y un dólar a 10,6 pesos.

–La falta de difusión y de explicación de los programas a llevar adelante por la Casa Rosada aumenta los interrogantes futuros. No entienden por qué hasta ahora el Gobierno ocultó la herencia económica recibida y no habla de la corrupción de Cristina.

–Ven alguna descoordinación en el funcionamiento del gabinete económico, fruto de la excesiva división de ministerios y de los controles de la Jefatura de Gabinete. Prat-Gay se ha centrado ahora en la negociación con los fondos buitre. Esta semana mantuvo múltiples diálogos con Manhattan y tiene una esperanza: que el Juez Thomas Griesa le comunique hoy una noticia a favor de la propuesta argentina

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