El asesinato de periodistas en Ecuador revela la vulnerabilidad de los reporteros en América Latina

El asesinato de dos periodistas y su chofer en la caliente frontera entre Ecuador y Colombia revela la vulnerabilidad del trabajo del periodismo en la región, un hecho que viene siendo alarmante en países como México, asediado en ese caso por el narcotráfico.

La noticia sobre el crimen de un equipo periodístico en Ecuador, en la frontera con Colombia, conmociona y preocupa a la vez.

El caso explotó públicamente el 26 de marzo pasado cuando un grupo de disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) secuestró a dos periodistas y su chofer del diario ecuatoriano El Comercio. Los secuestradores pertenecen al Frente Oliver Sinisterra FARC-EP (grupo disidente de las FARC.

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Los periodistas habían llegado hasta la provincia de Esmeraldas, en la frontera con Colombia, para cubrir los enfrentamientos entre las fuerzas oficiales ecuatorianas y grupos armados, quienes cada vez tienen mayor presencia en la zona, especialmente desde enero de 2018.

La organización internacional Reporteros sin Fronteras (RSF) condenó el asesinato del equipo periodístico y exigieron que las autoridades ecuatorianas y colombianas que garanticen “que se realizará una investigación transparente y exhaustiva sobre el caso”.

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La magnitud del hecho hizo que el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, suspendiera su participación en la Cumbre de las Américas en Lima, Perú, y que regresara de urgencia a Quito.

América Latina, bajo fuego

Reporteros Sin Fronteras ubica a Ecuador en el puesto 105 de un total de 180 países relevados, de acuerdo a la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de elaborada por la organización en 2017.

En tanto, países como Colombia ocupan el lugar 129, Honduras el 140 y México, el peor de todos en cuanto a persecución y muerte de periodistas, el 147.

En dicho reporte, RSF había destacado que en Ecuador el proceso de adjudicación de frecuencias de radio y televisión especialmente para medios comunitarios, aunque advirtió por sobre el “tenso clima de trabajo que padece una buena parte de los medios de comunicación privados ecuatorianos”, debido al cierre de cuentas de redes sociales de periodistas y la persecución de “periodistas de investigación y activistas (…) por haber revelado casos de corrupción en los que estaban implicados políticos del gobierno y allegados del presidente”.

Sin embargo, dicho reporte quedó corto ante la magnitud del asesinato del equipo periodístico del diario ecuatoriano El Comercio.

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Los dos reporteros y su chofer ultimados por los rebeldes de las FARC sucedió en el contexto de la retirada de la guerrilla colombiana y la irrupción en la región del narcotráfico y los guerrilleros disidentes.

Mientras en Colombia se intenta cerrar un proceso de 50 años de insurgencia guerrillera, el denominado narcoterrorismo se propagó hacia países vecinos como Ecuador que en los últimos meses viene de una escalada violenta en la frontera con su vecino país, con el asesinato de cuatro militares, medio centenar de heridos y el secuestro de tres civiles.

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Según el diario El País de España, “el botín es el suculento en la frontera que separa Colombia de Ecuador: minería ilegal, cultivos de coca, trata de personas, tráfico de órganos, de armas y contrabando de todo tipo, aprovechando la dolarización de la economía ecuatoriana que facilita el lavado de dinero y las transacciones internacionales. La costa del Pacífico que baña a los dos países es la salida natural para las rutas hacia Centroamérica y México que tienen como destino final el mercado estadounidense”.

México, al tope de la violencia

El caso mexicano demuestra el grado de violencia extrema contra los reporteros de la región.

Según Reporteros Sin Fronteras, solo en 2017 once periodistas fueron asesinados en ese país. El hecho de que en cuatro casos los crímenes tengan directa relación con su actividad periodística, demuestra que México, “supuestamente en paz” sea el país “más mortífero del mundo para la profesión”.

Desde que el presidente mexicano Enrique Peña Nieto llegó al poder, en 2012, “al menos 27 periodistas fueron asesinados debido a su labor informativa”, advierte RSF.

Sumado a estos datos, hay que mencionar el contexto de avance de las redes sociales como fuente de información ciudadana y el deterioro del trabajo profesional a nivel mundial; la región no escapa a esta realidad.

Este contexto no hace más que restringir más y más el trabajo profesional de los periodistas, quienes ven peligrar sus fuentes de trabajo y los relegan a tareas reducidas y cada vez más riesgosas, teniendo en cuenta que las coberturas informativas de alto peligro, como las que realizaban los periodistas asesinados, y el desempeño en escenario de guerra, casi obligadamente requieren de formación profesional para realizarlas, pero no siempre con garantías para llevarla a cabo.

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