Duro relato de Matías Bagnato a 23 años de la Masacre de Flores

El 17 de febrero de 1994 a las 3:30, Fructuoso Álvarez González prendió fuego la vivienda en la que vivía Matías Bagnato junto a su familia tras haberla rociado con fósforo líquido. En el hecho murieron sus padres, sus dos hermanos y un amigo de su hermano, en lo que se conoció como la Masacre de Flores.

Bagnato es uno de los principales impulsores de la ley que brinda más derechos a víctimas y familiares de víctimas de la inseguridad. En estos días lucha porque no se le conceda la libertad condicional a Álvarez González, quien en una oportunidad anterior lo amenazó con quemarlo a él y a su abuela, su única familiar viva.

A 23 años de la noche en que murieron su padre Julio, su madre Alicia, sus hermanos menores Fernando y Alejandro, y Nicolás Borda, un amigo de Alejandro, el único sobreviviente relató el hecho al sitio web de TN.

EL RELATO DE MATÍAS BAGNATO

-Estaba durmiendo y ni sabía qué hora era. Empecé a sentir un calor tremendo, estaba empapado y me resultaba imposible respirar, me estaba ahogando y me quemaba toda la piel. Escuché los gritos de Fernando: “¡Me quemo, me quemo!” y a mi mamá que gritaba: “¡Con los chicos no! ¡Con los chicos no!”. Casi sin fuerzas abrí la ventana, tomé un poco de aire y levanté la persiana. Tiempo después supe que tener la cama ubicada debajo de la ventana  fue lo que me salvó la vida.  Ya con la persiana levantada, saqué medio cuerpo afuera y, prácticamente sin conocimiento, pude empezar a respirar; entraba algo de aire en mis pulmones.  Pude ver en la calle a un vecino desesperado gritándome que saliera: “¡Matías salí, salí rápido! ¡Se quema todo!”. Yo no entendía nada, esto no era verdad, esto no estaba pasando. Miré la ventana de la habitación de Fer, salía una llamarada de color azul que parecía un soplete. De golpe escuché un ruido terrible, como si se derrumbara todo. Me saqué la remera, tomé todo el aire que pude y mire hacia la puerta de mi cuarto, se veía luz por debajo. Le grité al vecino que mis papás estaban despiertos, que había una luz en su cuarto. No entendía que esa luz que yo veía por debajo de la puerta no era luz, era fuego. Yo lo único que quería era estar con mi mamá y mi papá y que me abrazaran. Tenía miedo, terror. Nunca en mi vida tuve una sensación así.

– Me tapé la boca y fui a buscar a mis viejos, la puerta se abrió con tanta fuerza como si explotara. Una llamarada gigante me prendió fuego el pelo y me tiró al piso. Mientras intentaba apagarme la llama de la cabeza, veía una lengua de fuego que trepaba por el techo de mi habitación, por el placard, por las paredes, por todos lados.  Me desesperé. Empecé a gritar, no quería que vinieran a buscarme a mí, que estaba bien, prefería que salvaran a mis hermanos. “¡No vengan a mi cuarto. Yo puedo salir solo. Estoy bien!” . Les grité a todos, los nombré uno por uno, una y otra vez. Casi sin aire y sin voz no paraba de gritarles. ¡¿Me habrán escuchado? ¿Habrá escuchado mi mamá que yo estaba bien?

-Me paré arriba de un cantero pero apenas salí se quemó la correa de la persiana que se derrumbó detrás de mí. Se cerró. Atrás quedó mi casa, el fuego, mi familia, el horror. Miré hacia abajo y la llama que salía de la ventana del comedor empezaba a incendiar las plantas del cantero donde yo estaba parado, me quemaba los pies. El fuego también empezó a salir por la ventana de mi cuarto y me quemaba la espalda. Me estaba quemando todo. Me estaba quemando vivo. Ahí fue cuando decidí saltar.

– Llegaron los bomberos, la policía y varias ambulancias. Me metieron en una y me dieron oxígeno, estaba con principio de asfixia. En un momento vi a un bombero que, desde la ventana del cuarto de mi hermano Fernando, movía la cabeza diciendo “no”. Yo lo vi, decía que no, que no estaban vivos. Otro bombero se acercó a mí y me dijo que me calmara que no había nadie en la casa, que seguro se habían ido a comer afuera. Creo que fue en ese momento cuando empecé a entender que me había quedado solo para siempre.

-Siento que mi destino fue quedar vivo para hacer justicia, mejor dicho fue lo que junto a mi abu les prometimos a ellos. Aún hoy me da tanta bronca no haberlos podido rescatar con vida de ese infierno y todo lo que me cuesta lograr justicia. ¿Si creo en Dios? Me cuesta mucho, siento que si existiera un Dios no hubiera permitido que tres nenes tan chicos e inocentes tengan esta terrible muerte. No lo entiendo, me cuesta creer por todo lo que me tocó vivir y que tengo que soportar de la justicia de nuestro país.

Imaginemos que el Juez que debe fallar la libertad condicional o la extradición de Fructuoso González lee esta nota. ¿Hay algo que le querés decir?

-Que lea bien esta nota para que entienda, como te dije antes,  por qué este monstruo no puede salir de la cárcel. Es capaz de cualquier cosa, ya lo demostró y ni quiero imaginar como saldría de ahí con tanto odio, mucho más del que tenía cuando entró. Destruyó todo, fue un horror todo lo que nos hizo. Y también le pido al juez que recuerde que apenas estuvo libre hace unos años, lo primero que hizo fue buscarme y decirme que me quemaría como al resto de mi familia. Me llamó a las 3.30 de la madrugada: a la misma hora del incendio.¿Entendés lo psicópata que es? Y sobre todo que le ruego y entienda que necesitamo, de una vez por todas, vivir en paz. Quiero que mi abuela termine su vida tranquila y no con el miedo de que nos venga a matar.

(Fuente: Será Justicia).

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