“Dirán que todo es mentira” (en las redes sociales) y tal vez tengan razón

La propagación de información falsa en la Web deja de ser un mito para convertirse en un hecho concreto y amenazante para la veracidad de los contenidos que circulan en las redes, sin que los usuarios tengan como preocupación central que lo que le cuenten sea cierto.

a proliferación de noticias falsas ya se parece y mucho a una enfermedad viral de esas que se contagian rápido como la gripe. Pero con el agravante que cada temática sobre la cual se construyen noticias basada en hechos que no existen suelen ir renovándose rápidamente, y apenas si sobreviven durante pocos días o a lo sumo semanas. Las cepas de información tramposa cambian a la velocidad de las redes sociales y del humor social que allí se cultiva.

Hace pocos días, los servicios secretos alemanes alertaron sobre las crecientes amenazas globales en materia de ciberseguridad. El presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), Hans-Georg Maassen habló del ciberespionaje y de las campañas de desinformación. Para citar algunos casos, Maassen mencionó los episodios registrados durante las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, durante la crisis de los refugiados en Alemania y en la reciente crisis independentista catalana.

Campaña de engaños

Durante la campaña presidencial de los Estados Unidos de 2015, la que ungió presidente a Donald Trump, el factor Rusia fue decisivo por varios motivos. Uno de ellos fue por la fenomenal acción de desprestigio hacia la que fuera candidata demócrata Hillary Clinton.

Según una investigación del diario Washington Post junto a institutos de investigación independientes, el gran flujo de noticias falsas que circularon durante la campaña electoral estadounidense estuvo ayudado por una sofisticada campaña de propaganda rusa que creó y difundió artículos engañosos en Internet con el objetivo de castigar a la esposa del ex presidente Bill Clinton. Sin dudas, la campaña favoreció a Donal Trump, de quien, ya presidente, comenzaron a conocerse lazos muy estrechos con Moscú.

Aquella campaña incluyó artilugios digitales que aquí en la Argentina también son asociados a campañas de desprestigio en las redes sociales. Hablamos de miles de bots, es decir cuentas en redes automatizadas que dicen lo que una sola persona quiere que digan. Hablamos también de trolls, un ejercito de tuiteros a sueldo que salen a decir también lo que su jefe les ordena.

Dichas maniobras de desprestigio hicieron que en la redes se dijeran las peores barbaridades contra Hillary,desde que escondía un delicado de salud hasta su supuesta intención de entregar el poder de los Estados Unidos a un grupo de oscuros especuladores financieros. Según dos equipos independientes, uno del Foreign Policy Research Institute y otro de ProporNot, los rusos utilizaron plataformas tecnológicas estadounidenses para atacar a la democracia de ese país.

El grado de dicha ciberconspiración fue tanta efectividad que los gigantes online como Facebook y Google tuvieron que salir públicamente a prometer que liquidarían las noticias falsas, con una serie de herramientas que después detallaremos.

El informe de PropOrNot logró identificar a más de 200 sitios web como difusoras de propaganda rusa durante la campaña electoral, con un público combinado de al menos 15 millones de estadounidenses. En Facebook, el grupo estima que las historias promovidas por la campaña de desinformación fueron vistas más de 213 millones de veces.

Refugiados estigmatizados

En Alemania es central la cuestión de los que llegan escapando de conflictos en otros países. La política de apertura hacia ellos de la canciller Angela Merkel viene despertando una gran polémica. Pese a ratificar una y otra vez su política aperturista hacia los refugiados, la líder alemana tuvo que transpirar y mucho para lograr su última reelección.

La cuestión de los inmigrantes viene siendo agitada por los grupos de la derecha y ultraderecha. Con episodios incluso realmente increíbles en la prensa. Por caso, el diario de más tirada de toda Alemania, Bild, publicó una falsa noticia que daba cuenta de que 50 refugiados habían promovido una serie de robos y violaciones en los últimos días de 2016. Los supuestos hechos se habían registrado en Frankfurt, durante la noche de fin de año; pero nunca sucedieron. Ese artículo causó gran impacto en Alemania, al recordar los incidentes de Colonia en la misma fecha de 2015, que fueron exagerados por falsos testigos y por la prensa. La información se basó en dos supuestos testigos que no existían.

Hubo más episodios de falsas noticias en torno a los refugiados, todas alimentadas por grupos de la ultraderecha alemana dispuesta a mentir con tal de desbancar del poder a Merkel.

No lo lograron, pero dejaron a la actual canciller con una debilidad política inédita en el poder germano de la última década.

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Retomando las palabras del presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), Hans-Georg Maassen, “el pluralismo democrático pierde su sentido si no se basa en hechos y si la realidad se reduce a opiniones”. Y como remarcábamos más arriba, todos los caminos llevan a Moscú.

El informe anual de los servicios de seguridad internos alemanes presentado el pasado julio detallaba el origen de los ataques informáticos y el ciberespionaje que han sufrido en el último año las autoridades y empresas alemanas. Allí Rusia aparece como lugar de origen de estas maniobras aunque también se asoma China.

Cataluña desinformada

Un equipo de especialistas creado por la Unión Europea en 2015 para detectar y combatir los ataques de Rusia a través de Internet halló un aumento de gran incremento de campañas destinadas a agravar la crisis en Cataluña.

Perfiles prorrusos en Twitter lograron situar el conflicto catalán entre los asuntos internacionales más relevantes en diversos foros de Internet. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, alertó recientemente del peligro que suponen los ciberataques y las noticias falsas, convertidas en “uno de los mayores problemas” de la Unión Europea.

El asunto tiene una notable gravedad, pero parece que los responsables no son solamente los países miembros de una suerte de legión del “cibermal”. La Oficina Federal para la Protección de la Constitución alemana lanzó duras críticas a los gigantes tecnológicos que hacen poco por frenar estas campañas.

Como cuando hablamos de las empresas contaminan el ambiente con sus productos, dicho organismo acusa a las grandes compañías con sede en el mítico Silicon Valley de promover constantes revoluciones en el negocio digital pero sin hacerse cargo de su responsabilidad social sobre los contenidos que se publican en sus plataformas y redes.

Alemania, por caso, avanzó recientemente en una ley que impone multas millonarias a aquellas empresas que no borren mensajes racistas o incitadores del odio en el término de 23 horas. Las multas pueden alcanzar los 50 millones de euros y las críticas también se apilaron en millones de voces en contra por considerar que constituye un larvado acto de censura.

Paradojas de este mundo hipercontectado virtualmente.

Santiago Maldonado, versión argentina de la “desinformación informada”

Recientemente en nuestro país, el caso por la desaparición de Santiago Maldonado, finalmente hallado muerto, también merece una mención a propósito de la desinformación como arma de convencimiento colectivo.

En base a datos de la fundación CIPPEC, insospechada de ser kirchnerista o algo parecido, la revista Anfibia analizó la serie de tuits en torno a lo que fue durante más de 70 días la desaparición del joven artesano y el posterior hallazgo de su cuerpo.

Anfibia dice:

Mientras que en el barrio opositor ocho de las diez principales cuentas tienen estatus de “verificadas” por Twitter y pertenecen a cuentas institucionales, políticos o sitios periodísticos establecidos; ocho de los diez usuarios más retuiteados en el oficialismo son fakes “no verificados” como @NunkMasKK, @elcoya77 y @atlanticsurff, conocidos por sus actividades anti-kirchneristas.

Y revela que, lejos de utilizar los robots virtuales para tuitear, desde las filas oficialistas el protagonismo fue de los influenciadores que “dejaron una huella digital más concreta, con más impacto, pero que hace aún más difícil de detectar si se trata de algo armado o no.

Y concluye la revista Anfibia, en una nota de Natalia Aruguete y Ernesto Calvo:

Como suena el dicho: “La culpa no es del troll sino del que le da de comer”. De allí que la información se propague, no por su veracidad ni por la codicia maquiavélica de los líderes políticos, sino porque circula en una región donde sus moradores se encuentran sensibilizados para interpretar el mundo desde tales comunidades, cerradas y polarizadas.

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De lo dicho hasta ahora, queda la sensación que estas poderosas redes conspirativas en la Web no hacen más que avanzar sobre el estado de desinformación ya presente en la población. La velocidad de circulación y renovación de las noticias hace casi imposible chequear todo dato que llegue a nuestros dispositivos (claro, a menos que se tenga al menos nociones mínimas de manejo periodísticos). Pero lo cierto es que las grandes plateas no tienen formación periodística y pareciera que tampoco están demasiado preocupadas por la veracidad de las noticias que reciben. Se las tomas como tales y generalmente se les cree.

Hay un estado de situación cultural y formativa en la sociedad que hace que esas noticias sean aceptadas como tales, lo que sin dudas configura una noción de ciudadanía informativa más que peligrosa: cualquier cosa que se diga, aun cuando no es cierta, puede tener asidero. Esa es la posverdad.

La gravedad del asunto de las falsas noticias incluso alcanzó a las causas de defensa de los derechos humanos.

Amnistía Internacional, por ejemplo, se asoció recientemente con Truly. Media, una nueva plataforma de colaboración online para hacer frente a las “fake news” con técnicas de verificación digital para identificar las publicaciones auténticas y las fraudulentas en las redes sociales. La prestigiosa organización de defensa de los derechos humanos reconoce que necesita alianzas de este tipo para no caer en desinformación cuando se publican artículos sobre temas de derechos humanos,  a organizaciones o defensores de derechos humanos  o a periodistas.

Ya en 2016, Amnistía había lanzado su Cuerpo de Verificación Digital, que incluye laboratorios de investigación con sede en las universidades de Cambridge, California-Berkeley, Essex,  Pretoria y Toronto. Esta red interdisciplinaria agrupa a más de un centenar de estudiantes con un objetivo común: actuar como primera línea de verificación de contenidos digitales para la investigación de derechos humanos.

El desafío es frenar información que lisa y llanamente son mentira.

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Para finalizar, vayan unos breves consejos a la carta para no caer en las trampas de las falsas noticias, a partir de las sugerencias que Facebook publicó en 2017 luego de quedar envuelto en sospechas sobre la propagación sin control de “fake news”.

  1. Dudar de los títulos. Las noticias falsas suelen presentar títulos llamativos escritos en letras mayúsculas y con signos de exclamación. Si un título contiene afirmaciones sorprendentes y poco creíbles, es probable que se trate de información falsa.
  2. Observar con atención la URL. Una URL falsa o que imita una original puede ser una señal de advertencia que indica que se trata de una noticia falsa. Muchos sitios de noticias falsas realizan pequeños cambios en la URL de las fuentes de noticias auténticas para imitarlas. Se puede visitar el sitio para comparar la URL con las fuentes establecidas.
  3. Investigar la fuente. Asegurarse de que la noticia esté escrita por una fuente de confianza respaldada por una reputación de exactitud en la información. Si la noticia proviene de una organización desconocida, verificar la sección “Información” para obtener más detalles.
  4. Detectar si el formato es poco común. Muchos sitios de noticias falsas contienen errores ortográficos o diseños extraños. Leer con atención si se observan estas señales.
  5. Prestar atención a las fotos. Las noticias falsas suelen contener imágenes o videos manipulados. En ocasiones, es posible que la foto sea auténtica, pero que la hayan sacado de contexto. Se puede buscar la foto o imagen para verificar de dónde proviene.
  6. Comprobar las fechas. El orden cronológico de las noticias falsas puede resultar ilógico, o incluso pueden estar alteradas las fechas de los eventos.
  7. Verificar las pruebas. Comprobar las fuentes del autor para confirmar que sean precisas. Si no se aportan pruebas o se confía en expertos cuya identidad no se menciona, es posible que la noticia sea falsa.
  8. Consultar otros informes periodísticos. Si ningún otro medio está reportando la noticia, es posible que sea falsa. Si aparece en varias fuentes de confianza, es más probable que sea verdadera.
  9. ¿La noticia es un engaño o una broma? En ocasiones, suele ser difícil distinguir una noticia falsa de una publicación humorística o satírica. Comprobar si la fuente de donde proviene suele realizar parodias, y si los detalles y el tono de la noticia sugieren que puede tratarse de una broma.
  10. Algunas noticias son falsas de forma intencional. Reflexionar acerca de las noticias que se leen y compartir solo las que sepamos que son creíbles.

Como decían los Fabulosos Cadillacs en un viejo tema de los 80, si vuelven a caer en las trampas de las falsas noticias, les cantaremos:

Yo te avisé
Y vos no me escuchaste
Yo te avisé
Y vos no me dejaste convencerte

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