Canillitas: las víctimas invisibles de la era digital

Los emblemáticos vendedores de diarios y revistas ven desaparecer su negocio sin armas para enfrentar la debacle. El “sindicato”, sin propuestas.


Por Roberto Pico

El incesante avance de la era digital que diversificó las plataformas de difusión de contenidos sumió a las editoriales en una profunda confusión al perder el control de la distribución de sus producciones y, como consecuencia directa, los canales habituales de ingresos de fondos.

El debate interno, aún sin respuesta, de estas empresas es: “web contra impreso” y allí deambulan buscando el nuevo esquema de negocios que aún no se vislumbra con claridad.

Esta es la primera línea de víctimas del nuevo orden de comunicación que pese a las dificultades cuenta con la posibilidad de intentar la reconversión para adaptarse al hostil escenario presente. Pero existe una segunda hilera de afectados: los tradicionales vendedores de diarios y revistas: “los célebres canillitas”, que agonizan resignados al ver morir sus negocios sin que se les concedan herramientas para dar batalla.

Se estima que la región metropolitana cuenta con algo más de 5 mil paradas de diarios, de las cuáles poco menos de la mitad se enclavan en la Ciudad de Buenos Aires.

La actividad tuvo su época de esplendor al promediar el siglo pasado cuando convivían diarios “matutinos” con “vespertinos. Estos últimos además se dividían en la 5ª edición con salida entre las 14 y las 15 hs, y la 6ª, con circulación desde las 18 hs.

Con un amplio mercado y ganancias sostenidas, en la época conocida como  “La Plata Dulce” un kiosco de diarios del centro porteño podía alcanzar una cotización de U$S 1 millón. De allí que existiesen férreas regulaciones para preservar la convivencia de los actores y el equilibrio del negocio.

A saber:

* Los horarios de atención de las paradas se dividen por turnos: los matutinos desde la madrugada hasta las 14, cuando deben cerrar para dejarle el mercado a los  vespertinos.

* Los primeros siempre gozaron de la crema del negocio que es la venta de los diarios matinales de mayor salida. Esto les permite armar un recorrido de entrega puerta a puerta que garantiza volúmenes que aseguran una  ganancia diaria.

* En los años de oro a los del “turno tarde” les quedaba la oferta de las míticas ediciones  5ª y 6ª de “La Razón” y “Crónica” y las revistas de aparición semanal que eran entregadas luego de las 19 horas un día antes de su salida oficial (Ejemplo: El Gráfico que se promocionaba con aparición los martes llegaba a los kioscos los lunes en la noche).

* Cada parada a su vez tiene una zona  de “exclusividad” imposible fácticamente de ampliar  aunque el cliente lo requiera.

* Los diarios y las revistas se entregan por un recorrido fijo, al que el canillita debe someterse sin tener la opción de elegir, y que además es el que determina las cantidades de entrega de cada publicación de acuerdo a un criterio nunca claro.

* Los diarios y revistas que no se venden se devuelven y no se pagan, reduciendo al mínimo la pérdida.

* En general la ganancia por cada venta es el 32% del precio de tapa de las revistas y el 33% en el caso de los diarios.

Hasta aquí los lineamientos generales de un esquema encorsetado que funcionó hasta la explosión tecnológica.

Al promediar la década del ’90 la ecuación empezó a revertirse. La aparición del cable como variante a la televisión tradicional comenzó a saturar la oferta informativa y así la primera víctima fue la 5ª edición y al poco tiempo desapareció la 6ª, dejando sin capital de trabajo a las paradas vespertinas.

El siguiente golpe lo sufrieron las revistas deportivas. Emblemáticos títulos como Goles, El Gráfico, Sólo Fútbol, Sólo Tenis, revistas de boxeo y de automovilismo fueron cayendo una a una despoblando los escaparates. Casi al mismo tiempo fueron desapareciendo las revistas políticas y de espectáculos, y la misma suerte corrieron las históricas Anteojito y Billiken, que acompañaban el desarrollo del ciclo lectivo y era apoyo de maestras, alumnos y padres.  Esta semana otro emblema y fuente de ingresos como la revista Para Ti de Editorial Atlántica no salió a la calle y peligra su continuidad.

De esta forma hoy los canillitas agonizan sin productos para ofrecer, atrapados en la imposibilidad de buscar variantes de mercadería y maniatados por no contar herramientas para competir ni por precio ni por calidad producto del esquema de regulaciones “de hecho” descriptas.

Los “beneficios” de décadas atrás hoy se convirtieron en un boomerang que los mantiene empaquetados en un trabajo de lunes a lunes con bajísima rentabilidad.

El gremio tiene una curiosa representatividad: el Sindicato de Canillitas, que en realidad es un gremio de “patrones” ya que la amplia mayoría de los afiliados son los titulares de las paradas.

Omar Plaini es su Secretario General al que se conoce más por su actividad política partidaria como dirigente del partido justicialista, como  ex diputado nacional, y como dirigente de la CGT, que por la tarea en defensa de un sector en caída libre.

El sector está urgido de una reforma que le permita revivir. Sin mucho énfasis, se anunciaron propuestas por habilitar las paradas como centro de recarga de SUBE, como potenciales puestos de venta de entradas a espectáculos, o distribuidores de encomiendas dentro de las zona asignadas, entre otras actividades, pero ninguna iniciativa prosperó.

Los porteños de más de “50 abriles” son testigos de la desaparición de quienes voceaban los diarios por las calles o en las paradas de colectivos, trenes y subtes, y sin cambios sustantivos que les permitan darle un giro a un negocio aplastado por la era digital en un futuro cercano los tradicionales kioscos correrán una suerte similar.

 

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